jueves, 14 de abril de 2011

Princesas.

Sigo buscando una sonrisa de repente en un bar,
una calada de algo que me pueda colocar,
una película que consiga hacerme llorar, ahá... 
Cambiar un “no me creo nada” por “te quiero, chaval”, 
cualquier excusa, una chorrada, es buena para brindar 
soltar en una carcajada todo el aire y después respirar. 


Sentirme como una colilla entre unos labios al fumar, 
colgarme de cualquiera que le guste trasnochar, 
qué inoportuno fue decirte “me tengo que largar”, 
pero qué bien estoy ahora, no quiero volver a hablar 


de princesas que buscan 
tipos que coleccionar 
a los pies de su cama, 
eres algo que he olvidado ya.




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